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Hiperactividad Infantil

Un niño sano suele ser muy activo y no acostumbra a estar quieto. A los dos años de edad el niño es muy movido y a los cuatro años, además de activo suele ser ruidoso. Este comportamiento es totalmente normal y forma parte de su proceso de desarrollo.

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Introducción

Un niño sano suele ser muy activo y no acostumbra a estar quieto. A los dos años de edad el niño es muy movido y a los cuatro años, además de activo suele ser ruidoso. Este comportamiento es totalmente normal y forma parte de su proceso de desarrollo.

Sin embargo, cuando la hiperactividad es exagerada y va asociada a otros signos como la falta de atención o signos motores o psicológicos, podemos estar ante un caso de trastorno por déficit de atención con hiperactividad, TDAH.

Diagnóstico

Los signos del TDAH, además de la hiperactividad, son el déficit de atención continua o intermitente, la falta de persistencia en las tareas y la impulsividad. Suelen ser niños ansiosos, inquietos, impacientes, con problemas de comunicación y comportamiento; se muestran incluso agresivos y pueden tener un bajo rendimiento escolar.

Incidencia

La incidencia de esta afección ha aumentado enormemente en los últimos años y se estima que en España ya la padecen un 5% de los niños. En EEUU el aumento del número de casos desde 1990 ha sido de un 600%.

Qué factores predisponen a padecer esta afección.

Los factores pueden ser diversos. En primer lugar habrá que descartar que el niño no padezca una disfunción tiroidea u otra patología asociada a una respuesta hiperactiva…
Otras causas que conllevan hiperactividad y períodos de falta de atención son:

    • Consumo excesivo de azúcares refinados de rápida asimilación. Provoca ciclos de hiperglucemia (con hiperactividad, agresividad, irritabilidad…) e hipoglucemia reactiva (ansiedad, falta de atención…).
    • Alimentación pobre en micronutrientes esenciales como vitaminas, minerales y ácidos grasos esenciales. Por ejemplo la subcarencia de vitaminas del grupo B dificulta el metabolismo de los neurotransmisores cerebrales con las consiguientes manifestaciones en el carácter. Las subcarencias de hierro agravan los trastornos de la atención y del comportamiento…
    • Intolerancias alimenticias. Algunos alimentos pueden producir irritación intestinal e intolerancias (lácteos, harinas refinadas, aditivos alimentarios) con el correspondiente malestar físico e irritabilidad del carácter.
    • Intoxicaciones por metales pesados, aditivos alimentarios, pesticidas… En concreto, los niveles aumentados de plomo en el organismo pueden provocar respuesta hiperactiva, disminución de las capacidades mentales, déficit de atención…
    • Parásitos intestinales. Provocan picor e irritabilidad dificultando la concentración.
    • Falta de ejercicio físico o de juegos que conllevan actividad física: Los niños necesitan moverse, jugar y correr para estar sanos.
    • Entorno social desfavorable emocionalmente: maltrato psicológico, falta de afecto y de aceptación, trato injusto…

Hiperglucemia e hipoglucemia reactiva.

En la alimentación actual del niño encontramos alimentos con un alto contenido en azúcares refinados de rápida asimilación. Es frecuente que el niño desayune un batido de cacao con algunas galletas, magdalenas… o bien alimentos procesados industrialmente basados en cereales azucarados. También es habitual en las comidas la presencia de bebidas azucaradas y refrescos carbonatados. Como resultado, hay niños que consumen habitualmente cantidades excesivas de azúcares refinados, lo cual conlleva una serie de problemas de salud como hipoglucemia reactiva, desmineralización, acidificación del terreno biológico…

El consumo excesivo de glucosa (como tal o a través de sacarosa o azúcar refinado) hace aumentar de forma brusca el nivel de glucosa en sangre. El organismo reacciona mediante la secreción de insulina por parte del páncreas para regular la glucemia. Cuando el exceso de azúcar en la dieta es lo habitual aparecen ciertas disfunciones en la regulación de la glucosa en sangre. La gran cantidad de insulina secretada para compensar la fase de hiperglucemia provocará un “efecto rebote” que se manifestará al cabo de unas 2 horas con una bajada de la glucemia, entrando en una fase de hipoglucemia reactiva.

Así, durante la fase de hiperglucemia se manifiestan los signos de excitación, hiperactividad, inquietud, agresividad, nerviosismo… y durante la fase de hipoglucemia baja el rendimiento intelectual, la atención y se genera una sensación de ansiedad, confusión, temor…

Sin embargo, el azúcar de la fruta no produce en las personas sanas los desequilibrios de la ingesta del azúcar refinado, ya que la fibra de la fruta y las vitaminas y minerales presentes en ella amortiguan estos efectos.

Así pues, el azúcar refinado, al no aportar los micronutrientes necesarios para su metabolización, tiende a agotar las reservas del organismo si es consumido en exceso, contribuyendo de este modo a la desmineralización y a la acidificación del terreno biológico. Otros alimentos acidificantes son las harinas refinadas, trigo, azúcares, carnes, lácteos, bebidas carbonatadas… Debe haber un equilibrio entre alimentos acidificantes y alcalinizantes (vegetales y frutas en general). El terreno acidificado tiene como consecuencias, además de desmineralización, tendencia a las inflamaciones, autointoxicación celular, irritación de los tejidos, caries, irritabilidad, fatiga…

Corrección alimenticia

Como recomendación general será adecuado minimizar la ingesta de azúcares refinados, sobre todo durante el desayuno, para evitar los ciclos de hiperglucemia e hipoglucemia. Será conveniente reducir el consumo de alimentos procesados, ya que suelen ser pobres en micronutrientes y pueden llevar aditivos. Otro factor a valorar es el consumo excesivo de lácteos, que suele generar intolerancias en el niño e irritabilidad intestinal. Minimizar el consumo de grasas saturadas y evitar las grasas parcial o totalmente hidrogenadas.
Es recomendable aumentar el consumo de vegetales y frutas frescas y cereales integrales, priorizando el arroz. Tomar regularmente pescado, mejor a la plancha o hervido y cocinar con aceites de primera calidad.

Suplementos nutricionales adecuados en el TDAH.

Para asegurar la correcta nutrición del niño hiperactivo podrá ser necesario suplementar la alimentación con ácidos grasos esenciales, un complejo multinutriente y un suplemento proteico.

Ácidos grasos poliinsaturados (AGPI).

Los ácidos grasos de la familia omega3 y omega6 son imprescindibles en la correcta alimentación del niño. Contribuyen al desarrollo neurológico e inmunitario y regulan diversas funciones biológicas.

Por este motivo, la leche materna contiene grandes cantidades de estos ácidos grasos esenciales. Por ello, cuando el niño se desteta es aconsejable tener en cuenta el aporte de los AGPI.
La subcarencia de AGPI (omega3 y omega6) conlleva numerosos trastornos en los niños entre los que se encuentran la hiperactividad, el déficit de atención y trastornos de comportamiento.
El Dr. Feingold realizó un estudio clínico que consistió en la administración de aceite de onagra a niños hiperactivos de varios países. Los resultados de este estudio demostraron que el 70% de los niños tuvieron una respuesta positiva a la suplementación con AGPI.

Como recomendación general, se pueden hacer ciclos de suplementación con aceite de onagra o prímula (Oenothera biennis) de 1 g al día (pinchar las perlas y vaciar el aceite en una cuchara o bien añadirlo a los alimentos), alternando con etapas de aporte de aceite de pescado, también 1 g/día.

Complejo multinutriente

La subcarencia en vitaminas y minerales es un factor que agrava el TDAH. Por ello la suplementación con un complejo multinutriente especialmente formulado para las necesidades infantiles será positivo para la salud de los niños. Este complejo deberá aportar vitaminas del grupo B, vitaminas antioxidantes (A, C, E) y minerales como el calcio, el hierro, el magnesio, el zinc y el selenio. Además, existen en el mercado productos de este tipo masticables con agradable sabor y libres de azúcar.

Las vitaminas antioxidantes, entre otras funciones, colaboran en los procesos de desintoxicación. Por otro lado, la vitamina C estimula las funciones cerebrales e inmunitarias y es indispensable en la absorción del hierro.

Las vitaminas del grupo B ayudan en el metabolismo cerebral y en el de la glucosa y contribuyen al equilibrio nervioso.

Suplemento proteico

El aporte de suficiente cantidad de proteína es esencial para el correcto desarrollo del niño. Aunque un exceso también podría ser contraproducente, en ocasiones, los niños que consumen grandes cantidades de carbohidratos refinados tienen una dieta pobre en proteína. Al niño hiperactivo le es favorable aumentar el consumo de proteína por la mañana y reducir el de los azúcares. Para ello, puede ser recomendable al aporte de suplementos basados en proteína de guisante, los cuales son de fácil digestión y absorción. Estos suplementos deben estar libres de lactosa, gluten y trigo.

Por último, debemos recordar que estas recomendaciones son generales, debiendo ser adaptadas en cada caso por un especialista, quien evaluará el estado de salud particular de cada individuo personalizando el tratamiento.

Bibliografía

    1. Murria, M. & Pizzorno J: Encyclopaedia of Natural Medicine. ISBN: 0-316-87779-4.
  1. Seignalet, J.: La alimentación, la 3ª Medicina, RBA, Integral. Barcelona, 2004.

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